martes, 31 de agosto de 2010

CINE CLÁSICO

Para comenzar a hablar sobre cine clásico creo que vale la pena aclarar el término “clásico”.



En lo que al concepto de clásico se refiere, Wikipedia lo define de la siguiente manera:

• Clásico significa digno de imitación (del latín classicus: perteneciente a una clase, particularmente a una clase superior respecto de una inferior; o sea, lo que debe tomarse como modelo por ser de calidad superior.


Sin limitarse a ninguna época o civilización en concreto, se reserva el calificativo de clásicas a las producciones culturales que alcanzan el rango de lo sublime.


Se concluye entonces de esta definición que tiene más que ver con su calidad que con su temporalidad.


Aquí otras definiciones de “clásico”.


• Relativo a la literatura o al arte de la antigüedad griega y romana, y a sus imitadores.

• Que se adapta a lo marcado por la costumbre o la tradición.


o Clásico americano (término comúnmente utilizado para designar los productos culturales estadounidenses considerados sublimes).


• Se aplica a la música de tradición culta, por oposición a la ligera o moderna


• Que, por su importancia o valor, ha entrado a formar parte de la historia:


Respecto a la primera definición vale la pena subrayar que siempre se alcanza a detectar un rasgo de antigüedad en lo que a clásico se refiere, a pesar de que en la pasada definición se elimina la temporalidad. Esto me parece se explica por el a posteriori. Una película no se gesta como un clásico, el “rango” de clásico se colorea una vez realizada la película. Como ejemplo está “The Godfather” (el padrino); según se cuenta el director George Lucas se asocia con un tal Francis Ford Coppola para crear su propio estudio de producción (“American Zoetrope”), pero al fracasar económicamente con algunos proyectos ambiciosos tienen que hacer películas no tan ambiciosas pero de donde podrían sacar algo de dinero para saldar sus deudas. Resulta que a Coppola le proponen hacer “una película de Gangsters de bajo presupuesto” llamada “The Godfather”.


Esta segunda definición también problematiza la definición de Clásico, pues delimita a una espacialidad. También se podrá hablar de cine clásico Americano, o cine clásico Mexicano.


Así se puede categorizar como cine clásico películas como “El día de la independencia”. ¿Qué puede ser más clásico que una película donde se celebre el día de la independencia mundial en un cuatro de julio con juegos artificiales, salvando al planeta, encontrando la manera de derrotar al mal, la tierra entera agradeciendo a los Estados Unidos por su conocimiento científico y su valentía? Solo faltó que le llevaran la democracia a los extraterrestres. O “La Ley de Herodes” puede ser una película clásica mexicana por mostrar la codicia y la corrupción de los gobernantes con poder, aunque este sea solo en un pueblo casi sin habitantes.


Me parece que lo que se distingue aquí es “la realidad social”. ¿Será que viendo una película de cierto país o cierto tiempo se pueda entender su realidad social? Desde esta definición de clásico así se puede entender y son este tipo de películas las que se convierten en Iconos de una cultura.
Sobre la tercera definición se entiende que la palabra clave es “culta”; concepto también problemático del que no se puede ahondar mucho en este momento pero solo cabe decir que a veces solo porque una película no se comprende ya se coloca como “culta” y claro que hay muchas películas incomprensibles que no por ello son cultas. Claro que hay mucho de culta en una película clásica por el rasgo mencionado del alto nivel de técnica con que es hecha. Y en contraposición una película que no pretende ser culta pone mayor interés en que la historia simplemente llegue a mayor cantidad posible y en algunos casos se convierta en un kitsch alejándose radicalmente de la posibilidad de ser un clásico. También llama la atención que la definición coloca lo culto como contraposición a lo moderno; otro hecho problemático, pues ni que no se hicieran obras cultas y modernas.


En cuanto a la cuarta y última definición que aquí tomo en cuenta resalto la frase “formar parte de la historia”. Una época puede ser recordada por una película en específico y viceversa una película nos puede hacer referencia a una época pero lo verdaderamente importante es que el film es recordado.


Además yo agregaría otra característica que puede empujar una obra al lugar de lo clásico, y este es el del carácter revolucionario. A lo largo de la historia del cine han existido nuevas técnicas tanto en lo que tiene que ver con lo técnico como con la manera de contar una historia, en este sentido han quedado marcadas en la historia películas como King Kong por sus efectos especiales, Toy Story por su animación 100% a computadora, Matrix por el famoso “Bullet Time”, y las que están tan de moda el llamado género “What is Real?” como desde “el sexto sentido”, “los otros”, o más reciente “El origen”.



Entonces; una película no es clásica por el hecho de ser antigua o por reflejar una tradición, ni por ser culta o formar parte de la historia, así como tampoco por ser solamente de gran calidad.


Incluso diría yo que ni aun cumpliendo con todas las características se puede hablar de una película estrictamente clásica.


¿Entonces que más se necesita para llegar a ocupar este lugar?


Yo pienso que no todas las películas que cumplen estas características son clásicas, pero un clásico debe cumplir estas características más (y esta es las condición que desde mi punto de vista crea la excepción) el carácter de sublime en un sentido Psicoanalítico.


Los sublime se relaciona con la belleza, ¿Pero qué hace la diferencia entre estos dos conceptos? En primer lugar; la belleza tiene como resultado una tranquilidad, conforta, da placer, y se concibe como una armonía, mientras que lo sublime es el punto de ruptura en la belleza, cabe resaltar que no es lo contrario, solo el punto donde se quiebra porque la sublimidad excita, agita, desconcierta, se vincula con fenómenos caóticos, aterradores, ilimitados, pero aun así provocan placer, pero un placer solo a través de la mediación de displacer.


Según Kant: lo sublime se puede describir de esta manera: es un objeto (de la naturaleza) cuya representación determina a la mente a que contemple la elevación de la naturaleza fuera de nuestro alcance como equivalente a una presentación de las ideas.


Y Lacan en “la ética del psicoanálisis”: un objeto elevado al nivel de la Cosa (imposible).


A que más se puede acercar esto si no es a lo Real

Es una relación entre el mundo interior con lo real inalcanzable, como un intento de simbolizar lo no simbolizable, pero sobre todo nos remite a este fracaso. Cabe aclarar, lo sublime no es el intento, sino el fracaso de ese intento, más aun, la imposibilidad de representar, de simbolizar la Cosa, pero sin embargo este constante fracaso nos permite intuir la verdadera dimensión de la Cosa Real.


¿Qué es esa Cosa Real, que tiene que ver con nosotros, porque su importancia, porque lo sublime que lo bordea nos provoca placer y displacer?


Provoca displacer por confrontarnos con la Cosa, por animarnos a acercarnos a ella, como un vértigo, pero por su carácter de fracaso, ya que esta confrontación siempre será fallida nos recupera placer, de un lado de la brecha nos invita a presentir la grandeza de la cosa, pero con esta brecha de por medio.


¿Cuántas veces no hemos salido del cine o sacado el disco del DVD aturdidos por la película que acabamos de ver? Y repasamos le película, le damos vuelta, tratamos de recordar los mínimos detalles, nos distrae de las actividades cotidianas, nos angustia, le ponemos otros tintes, las llevamos a nuestras actividades, la pensamos como algo personal… se convierte en una pregunta, aparece la falta, nos confronta con el núcleo duro constituido como un vacío, lo real que nos habita.


Aquí quisiera recordar la película “Play It Again, Sam” (Sueños de un Seductor) escrita por Woody Allen. La película comienza con la escena final del clásico “Casablanca” en la que se despide el protagonista de su amada para que ella tome un avión que la libere de Casablanca y la una con su esposo. El protagonista de esta película, interpretado por Woody Allen sale del cine conmovido casi hasta las lágrimas a pesar de haber visto esa película ya varias veces. A lo largo de la película Humphrey Bogart, protagonista de Casablanca y galán seductor de Hollywood se le aparece a Woody Allen confrontándolo con su severa timidez e incapacidad para seducir a una mujer. El punto máximo de este trastoque en la vida del protagonista se da cuando tiene que despedirse de esta mujer en un aeropuerto alentándola a que tome el avión en el que va su esposo porque si no “se puede arrepentir por toda su vida” repitiendo textualmente las palabras de la película “Casablanca”.


¿Qué es esa cosa real que habita en el sujeto, a que se acerca una película sublime?


Dije hace unos momentos que una película se convierte en una pregunta, y quisiera partir de aquí. En “el sublime objeto de la ideología” de Slavoj Zizek cita a Aron Bodenheimer, quien formula la tesis de que “hay algo obsceno en el acto mismo de preguntar” no tiene que ver con el contenido de la pregunta, el puro hecho invade la intimidad, expone, y un ejemplo claro de esto es la pregunta de un niño a su padre, una pregunta como “¿Por qué el cielo es azul?” al niño después parece importarle poco el cielo, más bien le interesa encontrar la falta en el gran Otro. Lo que produce en el padre es vergüenza porque apunta a lo más interno, a lo más íntimo. Ese extraño objeto en mi interior “en mi más que yo”.


Para concluir con esto y dar consistencia a este asunto de lo Real en el sujeto habrá que recordar que para Lacan, el sujeto tiene un grado pre-simbólico (por tanto Real), vacío, algo que ha estado antes de cualquier simbolización y que posteriormente es llenado, un agente que al irse llenando de esta manera trata de expresarse en el lenguaje, pero que también vale decir nunca el lenguaje logra dar en el clavo de este punto pre-simbólico y siempre dirá demasiado poco o en exceso.


Entonces para concluir; se puede crear un debate en el que se discuta si una película se convierte en clásica por tener grandes dotes técnicos o por ser sublime en el sentido apenas expuesto, pero este debate es el que abre la posibilidad de una respuesta, no para quedarse con una postura o la otra, sino porque un film que tiene estos dos elementos llega al grado de Clásico.


José Alejandro Díaz Ramírez.

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